Abrió la ventana y respiró aire fresco.
Miró el cielo de un precioso azul totalmente despejado para seguidamente cerrar los ojos y escuchar el canto de los pájaros, el cual indicaba que hoy era un día perfecto.
Sintió la brisa agitándole el pelo delicadamente.
Quería escapar de allí, de esas cuatro paredes, y no porque no fuera feliz, no, si no porque quería salir, respirar la calle, despejarse, relajarse, no pensar en nada.
Dejar aflorar el arte, pintando un cuadro al aire libre, escuchando una bonita canción, fotografiando un maravilloso paisaje, leyendo un libro apasionante o escribiendo una breve historia.
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